Documentarlo todo

Gracias a esta película que Julia Roberts protagonizó hace más de veinte años, una buena porción de argentinos conocemos la historia de la estadounidense Erin Brockovich y su exitosa demanda contra la Pacific Gas and Electric Company. Nos permitimos evocar a esa mujer de carne y hueso primero, y cinematográfica después, antes de publicar esta serie de consejos dedicados a los conciudadanos que también decidan recurrir a la Justicia civil para pedirle que intervenga ante un conflicto vecinal severo.

Paso a paso
Antes de presentar una demanda por daños y perjuicios, hay que agotar las instancias que enumeramos a continuación: charla con los vecinos problemáticos (en un marco informal y/o en alguna reunión de consorcio), convocatoria a mediación vecinal (en sede comunal si hablamos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), luego –con asesoramiento legal– intimación por cartas-documento y convocatoria a mediación pre-judicial.

La Ley Nº 26.589 establece la obligatoriedad inapelable de este último casillero. Sólo cuando las partes no llegan a un acuerdo o cuando los convocados faltan a la cita sin justificación atendible, los demandantes pueden iniciar acciones legales, es decir, solicitar la intervención de un juez.

Documentarlo todo
Nosotros presentamos nuestra demanda recién dos años y medio después de las primeras conversaciones informales con nuestros vecinos, y un año y medio después de una fallida mediación en la sede comunal de nuestro barrio. El acuerdo que estos co-consorcistas empezaron a incumplir un mes después de firmarlo es el primer documento institucional que guardamos para dar cuenta de un conflicto irresoluble fuera del marco judicial.

Intentamos ser metódicos con la carpeta donde incluimos las cartas-documento que enviamos y recibimos, los comprobantes de entrega por parte del Correo Argentino, un acta de infracción policial, denuncias en la comisaría del barrio, denuncias y presentación de pruebas ante el Ministerio Público Fiscal de la CABA. constataciones de infracción labradas por la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro del Gobierno porteño, fotos de daños a nuestra vivienda y a nuestro auto, filmaciones y audios.

Redactar el testimonio o relato
La documentación acopiada cumple dos propósitos: ilustrar y probar los daños denunciados (es decir darle consistencia a la demanda) y ordenar el relato donde exponemos el conflicto y señalamos el perjuicio padecido. Los archivos guardados con criterio cronológico ayudan a contar los hechos de manera prolija.

La redacción de este testimonio debe ser clara y concisa. Por eso conviene escribirla/corregirla cuantas veces sea necesario. Nosotros lo hicimos una decena de veces.

Trabajar a la par del abogado
Atención a estas dos premisas: 1) nadie sabe más ni mejor que nosotros lo que hemos padecido; 2) no somos los únicos clientes de nuestro abogado. Por eso recomendamos trabajar codo a codo con él, es decir, entregarle de la manera más eficiente posible la información y la documentación que nos solicita y supervisar sus gestiones.

Por otra parte, insistimos en la necesidad de armarse de ¡mucha! paciencia para lidiar con los tiempos, no sólo de la burocracia judicial, sino del letrado contratado.

Pagar la Tasa de Justicia
En este artículo que el Sistema Argentino de Información Jurídica (SAIJ) publicó en septiembre de 2009, Luis Méndez y Gabriel Tamborenea reconocen la pertinencia del beneficio de litigar sin gastos, “establecido a favor de quienes, por insuficiencia de medios económicos, no se encuentran en condiciones de afrontar el pago que necesariamente implica la sustanciación de un proceso”. Al mismo tiempo los autores señalan el uso de esta opción en “casi el 90 por ciento de los juicios donde se reclama indemnización de daños” y sostienen: “Es impensable, aún con todas las dificultades que pudiéramos sostener existen en nuestro país, aceptar que prácticamente TODOS los que tienen cuestiones a debatir en nuestros tribunales carecen de medios económicos para ello”.

En el orden nacional la Tasa de Justicia equivale al tres por ciento del monto del resarcimiento solicitado en una demanda por daños y perjuicios. Nuestra abogada nos recomendó pagarla porque, en sintonía con la ponencia de Méndez y Tamborenea, los jueces “miran con buenos ojos” a los demandantes que lo hacen.

El pago (exclusivamente online) de la Tasa de Justicia merece un artículo aparte

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