“Este país es un chiste”

Quizás porque vivimos en la zona norte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Policía se presentó en nuestro domicilio cada vez que nos comunicamos con el 911 para solicitar su intervención por los ruidos molestos que provocan nuestros vecinos de abajo. Sospechamos otro motivo detrás de esta respuesta sistemática: preferimos dar nuestros datos personales antes que llamar de manera anónima.

Salvo la vez más reciente en que apareció uno solo, los agentes vinieron de a dos. En general, las duplas cumplieron con ¿el protocolo, regla, hábito? según el/la cual un uniformado habla con denunciantes y denunciados y el otro acompaña en silencio.

De la decena de parejas que se apersonaron en el transcurso de un año, ocho estuvieron conformadas por varones, una por mujeres, y otra por un varón y una mujer. De estos veinte uniformados que nos tocaron en suerte, sólo uno vino en dos ocasiones distintas.

“La idea es que los denunciados no puedan acusarnos de persecución y hostigamiento”, nos explicó el único agente que labró una infracción y a quien le pedimos que se quedara un rato por temor a las represalias que nuestros vecinos nos imponían cada vez que la Policía se retiraba del edificio. “Si esta gente hace de las suyas después de que mi compañero y yo nos vamos, esperen al menos una hora para volver a llamar al 911 así aumentan las chances de que otro agente les labre una infracción. Si yo actuara por segunda vez en el mismo día, mi intervención perdería validez”.

Porque interactuamos con veinte agentes distintos, debimos contarle lo mismo a cada dúo uniformado y a aquél que se presentó solo. En otras palabras, a partir de la segunda intervención policial empezamos a notar que cada visita nos retrotraía a foja cero: en lugar de dar cuenta de un conflicto que se agravaba con el tiempo, cada denuncia nueva parecía carecer de antecedentes, de contexto.

En estas circunstancias el brazo armado de la Ley actúa de manera espasmódica, sin atar ningún cabo. Otro agente nos explicó que sólo una Fiscalía puede vincular denuncias y, en el marco de una causa judicial ya iniciada, accionar de modo contundente contra los denunciados. Mientras tanto, ante un vecino que provoca ruidos molestos, la Policía sólo puede pedirle que cese la inconducta y, si el denunciado no acata, labrarle una infracción.

“Este país es un chiste…”. Así contestó un integrante de la antepenúltima dupla que pasó por nuestro domicilio, cuando le preguntamos por qué la Policía sigue actuando igual ante vecinos que -nos consta- cuentan con un sumario abierto en la Fiscalía Nº 8.

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